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Democracia y Enseñanza.. La democracia como ideología El artículo se adentra en la cuestión de la democracia entendida como sistema de ideologías que envuelven el funcionamiento de los sistemas políticos democráticos realmente existentes. Su misma definición como «gobierno de todos» comienza siendo ideológica por cuanto da por probada la superior legitimidad de una mayoría para representar a la totalidad. Pero además de ser débiles los argumentos en que se apoya tal supuesto, la propia determinación de las mayorías descansa en criterios aritméticos arbitrarios. Tras presentar una clasificación de las ideologías democráticas, advierte de la peligrosa tendencia de la idea de democracia a convertirse en una metafísica de cuño hegeliano que, al modo de la Autoconciencia, pretenda erguirse en destino humano y culminación de la historia.
La democracia como procedimiento El hilo argumental del artículo parte de la formulación de dos grandes concepciones teóricas de democracia. La concepción sustantiva se caracteriza por considerarla un medio para la realización de una determinada idea de justicia social o de una escala concreta de valores considerados de rango superior. Pero como no hay ningún procedimiento para resolver objetivamente los conflictos de valores, la única vía posible es la que el autor denomina democracia procedimental. Definida por su minimalismo y su pirronismo, la concepción procedimental entiende globalmente la democracia como un conjunto de reglas de juego que implica, además de la aceptación de las reglas mismas y del resultado de su funcionamiento, la inclusión de una regla que proporcione procedimientos para la reforma de las demás.
De las difíciles relaciones entre los intelectuales
y los políticos En tiempos recientes, diagnostica el autor, parece materializarse la escisión entre la figura del intelectual y la del político. Asociado monolíticamente aquel a la ética de la convicción y de los principios, se le atribuye al político la ética de la responsabilidad, del puro pragmatismo que no sabe de principios y convicciones. Pero se trata de una falsa polaridad. Antes bien, la oposición habría que pensarla en función de las diferentes posturas ideológicas y valorativas de unos y otros moduladas en torno a tres grandes paradigmas: el neoliberal, el libertario y el del socialismo democrático. Desde este último paradigma se reclama la necesidad de incrementar las mediaciones entre el espacio del intelectual y el del político; ni éste puede renunciar a las convicciones y principios, ni aquel atrincherarse en el apoliticismo o en el mero organicismo.
Los valores democráticos en la encrucijada El análisis de la crisis de las democracias actuales exige repensar los diferentes sentidos históricos del concepto «democracia». La dicotomía democracias burguesas/democracias socialistas ha polarizado la discusión sobre la autenticidad, los límites y las contradicciones del modelo. A finales de siglo podemos constatar las dificultades para hacerse compatible con la democracia tanto al sistema socialista como al capitalista, lo que nos lleva a postular la necesidad de complementar las libertades políticas «formales» con las de orden económico y social. Para progresar en tal dirección se enuncian varias propuestas concretas, resaltando, por último, el puesto capital que encarna el sistema educativo en la consolidación de una democracia plena.
Educación para la democracia en Europa En el artículo se exponen sintéticamente algunas alternativas ensayadas en países europeos para dar cabida en el currículo de Primaria y Secundaria a la Educación para la democracia. Francia, Italia, Alemania y Gran Bretaña son las referencias elegidas para situar el caso español en el contexto europeo. De las experiencias rastreadas, el autor concluye la insuficiencia de incluir núcleos temáticos sobre la materia aludida en el desarrollo curricular de otras disciplinas, así como la fracasada tentativa de diluir la Educación para la Democracia en la trasversalidad. Antes bien, debería verse dotada de espacios y tiempos propios en la Educación Secundaria, entendiendo la formación en valores cívicos, no sólo como una socialización meramente pasiva, sino como una reflexión sistemática y crítica desde los instrumentos conceptuales y los mecanismos discursivos proporcionados por la tradición filosófica.
La construcción de la democracia en la Educación
Secundaria. Tres falacias conceptuales Paradójicamente, se asevera en el artículo, el mismo sistema político que estimula la participación y que se autolegitima desde ella, niega el acceso a un conocimiento formal específico sobre su propio funcionamiento, usurpando al ciudadano la ocasión de dominar los resortes a través de los cuales vehicular su participación. Superar tal situación supone, primero, deshacer los argumentos utilizados para justificar las limitaciones impuestas a la participación desvelando las falacias que encierran, y segundo, vindicar la oportunidad de incluir en el currículo de la Enseñanza Secundaria Obligatoria una asignatura que lleve por título «Fundamentos para la vida democrática» con contenidos específicos sobre modelos de organización, instituciones y cauces de participación, principales problemas del funcionamiento democrático, etc
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